Críticas Series

Crítica El Ministerio del Tiempo (T3 preestreno)

Marcos Muñoz
Escrito por Marcos Muñoz

Tantas noches de gloria como ha visto el noble Gran Teatro del Liceo de Barcelona en sus 170 años de historia, y aún le quedaban por vivir novedades. Como el estreno de la nueva temporada de una serie de televisión, con puesta de largo, presencia del equipo, lleno de un público entregado y ovaciones sostenidas durante minutos, antes y después del capítulo. Una hora de televisión que sabe a cine y que no se sintió en absoluto fuera de lugar en tan excelso lugar. Hubo acción, hubo drama, hubo risas y grandes estrellas. Si hubieran podido, algunos hubieran pedido bises, y no estoy seguro que los intérpretes no se hubieran prestado a repetir, in situ, alguna de las situaciones que vimos proyectadas en la pantalla.

Sí, el Ministerio vuelve. Una serie de televisión española (y de Televisión Española, este año con coproducción de Netflix) con aventuras y fantasía disfrazada de ciencia ficción, o viceversa, con viajes en el tiempo para tratar de preservar la Historia tal y cómo es, con guiones sólidos y muy bien articulados, directores bregados que saben muy bien lo que quieren mostrar en pantalla y cómo hacerlo, con actores (sean los principales o los que visitan la producción sólo por una vez) que entienden perfectamente sus personajes y saben desplegar una gama de emociones compleja y realista.

“Con el tiempo en los talones” es el Hitchcockiano título del primer capítulo de la tercera temporada. Y algo tiene el episodio de la película a la que recuerdan esas palabras, como también de Recuerda, Los pájaros, La ventana indiscreta, Cortina rasgada, y sobre todo de Vértigo. Precisamente el capítulo toma como entorno argumental la visita que Alfred Hitchcock hizo al festival de cine de San Sebastián en 1958 para presentar la cinta de Kim Novak y James Stewart. Y Marc Vigil domina muy bien los referentes visuales del autor británico (nacionalizado luego estadounidense), algo que ya nos avanzó en la entrevista que le hacemos en el número 2 (ya a la venta).

Pero los protagonistas principales del episodio no son el Hitchcock que recrea muy convincentemente José Ángel Egido, sino el policía Jesús Méndez, alias “Pacino”, agente del Ministerio que interpreta Hugo Silva, y su compañera Marta (Belén Fabra). Ambos se verán involucrados en una situación inesperada que desbordará a Pacino y le forzará a pedir ayuda a sus compañeros, Amelia (Aura Garrido) y Alonso (Nacho Fresneda) de manera extraoficial. Mientras tanto, en el Ministerio de 2017 se están llevando a cabo obras que llevan a varias situaciones cómicas pero potencialmente inquietantes…

No hay más que decir del argumento si se quiere salvaguardar uno de los elementos principales de una trama donde se desconfía de casi todos e incluso de los propios sentidos: el suspense. Pero si que hay mucho más que decir de este episodio. Y muy bueno.

Hay que decir que las escenas que preceden a los créditos iniciales componen un torbellino de imágenes y de emociones, orquestadas de una manera compleja pero impresionantemente efectiva por la dupla de director y guionista, y ejecutadas con intensidad pero también con precisión por todos sus intérpretes. Hay desconcierto, hay dramatismo y hay, finalmente, certeza. Y un dominio técnico de todos los participantes, figurantes, encargados de vestuario, responsables de efectos especiales que debería ser el orgullo de nuestro mundo audiovisual. Que lo es, no cabe duda, si uno atiende a los premios que atesora esta serie.

Hay que decir que Javier Olivares consigue volver a plantear un primer capítulo de la serie por tercer año consecutivo, que reestructura las bases de su creación (junto a su hermano Pablo), teniendo en cuenta todo lo que ha hecho hasta ahora, pero no quedándose en lo fácil, nunca resignándose a lo fácil, sino buscando lo interesante. Y, por supuesto, lidiando con dificultades no deseadas, no buscadas, impuestas por la realidad del mercado, pero a las que consigue llevar a su terreno y sacar lo mejor de ellas. Con honores.

Hay que decir que todos los actores que llevan ya tiempo en la serie crecen. Evolucionan. Todos tienen en cuenta por donde han pasado antes de llegar donde están. Y particularmente en el caso de Aura Garrido el aplauso no puede parar de crecer y crecer con lo que logra en este episodio: cómo consigue crear a una Amelia Folch más madura, menos inocente pero al mismo tiempo más herida, por lo que le ocurrió al final de la temporada anterior, y por lo que le ocurre al principio de esta. Una Amelia que, en el momento de mayor incertidumbre, cuando las cosas se derrumban a su alrededor, sigue siempre siendo fiel al Ministerio, ante todo y ante todos. Quizás como tabla de salvación, quizás como efectiva manifestación de su sentido de lo correcto. Con las consecuencias que eso tiene para ella, y debilitando otras relaciones que puedan estar en juego. O, finalmente, fortaleciéndolas.

El ministerio del tiempo ha vuelto, señores. Bravi, bravi, bravissimi!

Sobre el autor

Marcos Muñoz

Marcos Muñoz

Editor de SFX. Whovian, ministérico, broadwayrrior y, ante todo, fanpiro. Creo que un hombre puede volar.