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Crítica de Marvel – The Defenders (1-4)

Marcos Muñoz
Escrito por Marcos Muñoz

EL MEJOR NO-GRUPO DE NO-HÉROES

Les hemos visto por separado: Matt Murdock, abogado de día y Daredevil de noche. Jessica Jones, detective sarcástica con superfuerza y bebedora empedernida. Luke Cage, ex policía y ex convicto a prueba de balas. Danny Rand, heredero millonario y poseedor del legendario Puño de Hierro. Cada uno de ellos ha tenido su serie en Netflix (Daredevil lleva ya dos temporadas y pronto llegarán las segundas del resto) y les hemos visto luchar tanto contra los enemigos que amenazan la Cocina del Infierno o Harlem –desde señores del crimen a villanos controladores de mentes, de políticos corruptos a ninjas resucitados- como contra sus propios demonios interiores. Ninguno está del todo cómodo con la etiqueta de héroe, con lo que significa, con el tormento que esa exposición pública implica. Por todas las relaciones que hay que arriesgarse a perder. En general son héroes a su pesar.

Así que cuando Netflix planteó, ya desde el principio, “vamos a darle una serie a cada uno que al final va a confluir en una serie conjunta, Los Defensores”, bueno, podía parecer una buena idea en el papel, pero, ¿cómo narices iban a formar un supergrupo al estilo de los Vengadores estos cuatro héroes callejeros, estos cuatro solitarios? Y la clave está en que Los Defensores nunca han sido los Vengadores: incluso cuando han tenido alineaciones como la original en el cómic, formada por el Doctor Extraño, Namor y Hulk, Los Defensores siempre ha sido el no-grupo de Marvel. El grupo que solamente se reúne porque la necesidad acucia. Y eso es precisamente lo que presenta la serie de televisión The Defenders en sus primeros cuatro episodios: qué circunstancias tan extraordinarias tienen que darse para que esos solitarios se unan.

Las circunstancias en sí, el detonante, las veremos ya en el primer capítulo de la serie. Un episodio que retoma las tramas de las cuatro series aproximadamente donde las dejamos (han pasado algunas semanas o meses, según el caso) y que nos pone al día de la relación actual de Matt con su identidad de Daredevil y con sus ex compañeros Foggy y Karen; o nos ilustra sobre lo que han hecho Danny y Colleen tras su fallido viaje a Kun L’un. De manera orgánica y natural –y con el toque Marvel habitual en muchos “primeros encuentros” entre héroes- los cuatro van a ir confluyendo. Hay gente, hay tramas y hay investigaciones que les van a llevar a los unos hacia los otros. Pero eso no quiere decir que los cuatro estén listos para trabajar juntos, y aunque su primera incursión en ese sentido es muy satisfactoria, adquiriendo de manera natural roles de combate magistralmente adaptados de las viñetas donde nacieron, nos damos cuenta de que esta es una alianza inestable, que durará lo que dure el peligro para la ciudad y que no necesariamente cuando todo acabe estos cuatro van a quedar como amigos que quedan para tomar una copa. Por cada cosa que les une hay un campo magnético del mismo signo que les repele: igual que en cada uno hay algo con lo que los otros se identifica o puede admirar, como héroes que no acaban de aceptarse como tales, que se arrepienten o avergüenzan de serlo, el grupo les recuerda lo que no les gusta de ellos mismos. Por eso es, forzosamente, un no grupo.

Y por eso estos primeros cuatro capítulos de The Defenders, que nos llevan hasta la mitad de la serie, forman un primer arco redondo. Con las escenas de acción justas, bien coreografiadas y bien trabadas, con un choque de mitologías propias muy interesante y con un desarrollo de personajes que sigue las líneas que ya se habían trazado. Vemos coherencia. De fondo vamos viendo a los enemigos a los que van a tener que enfrentarse, con una fuerza basada en el número, la habilidad y, en el caso de sus líderes (Sigourney Weaver por delante, y no desperdicia ni una de sus escenas), la experiencia.

Se echa de menos una mayor integración con el resto del Universo Marvel: está bien hablar del Incidente (aunque ya hayan pasado cinco años) o de “tíos verdes” o “dioses con martillos” para marcar una diferencia con ellos, e incluso los acontecimientos de Soldado de Invierno, Agentes de SHIELD y Civil War pueden explicar por qué ni los chicos de Coulson ni los de Iron Man hacen acto de presencia, pero cada vez va a resultar más difícil ambientar estas series en Nueva York sin preguntarse, ¿dónde está Spiderman? ¿Y el Doctor Extraño? Sí, la construcción de un universo compartido es un arma de doble filo.

De momento hay que hacerse a la idea de que, aunque la serie se llame Marvel – The Defenders en realidad se trata de Netflix – The Defenders. Y si uno acepta eso, es un buen clímax para lo que ha ocurrido hasta ahora en sus series individuales. Y uno que entiende lo que significa adaptar a la televisión el espíritu del mejor no-grupo de Marvel.

Sobre el autor

Marcos Muñoz

Marcos Muñoz

Editor de SFX. Whovian, ministérico, broadwayrrior y, ante todo, fanpiro. Creo que un hombre puede volar.