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Crítica de Spider-Man: Homecoming: Cuando Spidey tenía vértigo

Marcos Muñoz
Escrito por Marcos Muñoz

La aparición de Spiderman fue, para muchos, lo mejor de Capitán América: Civil War. Tanto su escena íntima con Tony Stark como su participación en la batalla del aeropuerto fueron momentos clave, bien rodados y con un nivel de comprensión del personaje que conectaron con el público. Spiderman ya estaba en su casa, en el Universo (cinematográfico) Marvel, y se integraba tan bien con todos los demás personajes que se hacía imposible entender cómo no había llegado antes.

Bueno, no había llegado antes porque en los años 90 Marvel atravesaba una mala racha y vendió los derechos de los personajes a distintas productoras cinematográficas, hasta que Disney y Sony han llegado a un acuerdo económico. Eso nos da una situación curiosa: aunque en los cómics Spiderman apareciera el mismo año que Thor y Hulk, y uno antes que Iron Man, en el UCM, la Batalla de Nueva York e incluso posiblemente la de Sokovia ocurrieron antes de que la araña radioactiva picara a Peter Parker. Eso marca un punto fundamental en el contexto de Homecoming: este Spiderman es un principiante y un adolescente en un mundo de adultos experimentados. Y la película no pierde ocasión de recordárnoslo, a veces incluso demasiado machaconamente.

Spider-Man: Homecoming tiene otros dos problemas; el primero, endémico: ¿en serio necesitamos OTRA película de superhéroes más que resuelva su gran batalla final de noche y con secuencias confusas que impiden saber qué está ocurriendo en realidad más allá de que alguien parece ir ganando? El segundo, la falta de entidad del personaje de “Michelle”: y no se trata de que en manos de Zendaya lo que quizás sea la versión de MJ del MCU se vea muy diferente. Bienvenida la diferencia. Se trata de que no va a ninguna parte, de que la película nos presenta un personaje que parece que puede ser muy interesante, pero pasa absolutamente de dedicarle más que el momento necesario para cada uno de sus one-liners, en ocasiones hasta decide esquivarla a propósito. Y para cuando hacia el final de la película sugiere que quizás pueda ser un personaje integrado en la vida de Peter Parker, puede que hayan conseguido que ya nos dé igual.

Ya nos hemos quitado de encima el mal karma de la película: en la parte positiva, Homecoming tiene mucho que aportar. Comenzando por su protagonista, Tom Holland, que desde su primera escena hace absolutamente creíble a Peter Parker como el adolescente de hoy en día que es. Un sentido del humor abundante y refrescante (lo mejor: el gag a costa del Batman de Christian Bale), un villano con más enjundia personal que la mayoría (aunque si su “secreto” es un defecto o una virtud del film lo dejaremos ya a cada espectador), una estética cercana a El club de los cinco o Todo en un día (aunque el director Jon Watts a veces se sienta obligado a telegrafiar sus intenciones) e incluso un par de desarrollos importantes para el Universo Marvel. Aborda sin complejos lo que planteó en Civil War (sí, la Tía May está buena, y todo el mundo parece darse cuenta menos ella), nos evita –¡alabado sea Stan Lee!- los trámites de la “historia de origen”, presenta elementos clásicos de los cómics que estaban ausentes (Control de Daños, La Bóveda), planta semillas para futuras historias (te estoy mirando a ti, Mac Gargan), y tiene un razonable ritmo combinando tramas personales y escenas de acción. No menciona ni una vez al Tío Ben, pero a cambio nos da una curiosa relación paternofilial entre Stark y Parker llena de fricciones.

Alejar a Spiderman de los rascacielos, encerrarlo bajo tierra, hacer que tenga vértigo porque aún no ha tenido razón para subir nunca a un edificio verdaderamente alto, darle problemas con su traje y con sus telarañas, la famosa “suerte de Parker”… Son una serie de decisiones a la hora de formular la película que ayudan a mantener al héroe en el suelo, metafórica y a veces literalmente: menos balanceo = más acrobacias. Le vemos claramente un paso por detrás del resto de Vengadores, y aunque a veces eso va en menoscabo de la parte súper de su heroísmo, también nos habla del futuro prometedor que tiene el muchacho y de lo poderoso que puede llegar a ser cuando la situación lo requiere y realmente confía en sí mismo.

¿Hacían falta tanto Stark y tanto “Happy”? ¿Convertir a Ned Leeds en un Pete Ross? ¿Eliminar la escena de Tía May ayudando a una chica en peligro, e inspirando en secreto a Peter? ¿Realmente un bis de la historia de Iron Spider en los cómics es la mejor trama para presentarnos al personaje? Todo eso te lo planteas al final de la película, pero también llegas a la conclusión de que has visto una divertida película de Spiderman, con un gran actor protagonista, y te alegras de que el Hombre Araña ya sea parte del UCM, y no solo como invitado. Y sí, se le podría pedir más, pero no es poco lo que consigue: si lo de Disney con Spiderman es, como parece, una jugada a largo plazo, no es mal comienzo.

Sobre el autor

Marcos Muñoz

Marcos Muñoz

Editor de SFX. Whovian, ministérico, broadwayrrior y, ante todo, fanpiro. Creo que un hombre puede volar.