Cine Críticas

Crítica de Logan: Esplendor en la decadencia

Marcos Muñoz
Escrito por Marcos Muñoz

Las expectativas estaban altas: el tráiler de Logan, particularmente el primero, prometían una película de Lobezno diferente, y los fans del personaje no acababan de creer que sí, que esta vez por fin iban a ver una representación cinematográfica del personaje afín a su yo de las viñetas. ¿Lo es?

Desde luego, es diferente. Los cambios empiezan, muy militantemente, en el título. De la anterior The Wolverine (en España, Lobezno Inmortal) pasamos ahora a Logan, lo que es una pura declaración de intenciones del director James Mangold: va a presentarnos al hombre detrás del mito. El realizador coge la clasificación R que ha conseguido para el film gracias al éxito de Deadpool y a la rebaja de sueldo que ofrece Jackman, y la aprovecha no para hacer un film más violento (aunque es explícito cuando lo necesita) sino más adulto. Logan tiene acción y persecuciones y peleas, pero no se resigna a mantener un ritmo trepidante para mantenernos al filo del asiento: hay muchas otras consideraciones que le interesan, algunas tan esenciales como la decrepitud en nuestro ocaso, la conciencia de nuestros actos o la paz con uno mismo y con quien uno es. Resuelta entre un viaje en coche y las paradas necesarias durante el camino, Logan transita en algún lugar entre Ruta Suicida y Little Miss Sunshine, con claros homenajes al western, el más evidente de todos Raíces Profundas, que aparece de manera destacada en la película.

La palabra clave aquí es “crepuscular”. Desde el momento que ves a un James Howlett (el nombre real de Logan) trabajando como conductor de limusinas para reunir el dinero suficiente para comprar un barco, retirarse con Charles Xavier y suicidarse, ves que el mundo se va al carajo. El mundo mutante, al menos, que se encuentra en situación no desastrosa sino post-apocalíptica. Y el mundo del heroísmo, desde luego, está acabado, cuando no ha sido siempre sencillamente una ficción. A Lobezno lo envenena el adamantium tanto como el puro realismo, esa máxima de que todas las historias acaban mal si sigues contándolas lo suficiente. Pero los principios se niegan a morir del todo: Logan sigue anidando dentro de James, y el sueño de Xavier tiene aún un último coletazo que dar, aún pese a los pecados de ambos, que no son sino sus muy humanos defectos, realzados en seres más que humanos.

Sin un villano verdaderamente carismático que se enfrente a los protagonistas, sino una serie de rivales circunstanciales, casi burocráticos, y admiradores de las reliquias mutantes que persiguen, los peores enemigos de Logan, Laura y Charles Xavier son ellos mismos. Su vejez y su juventud, su inexperiencia o su descontrol. Su rabia y el lamento por todo lo que han hecho o perdido. Por lo que fueron y por lo que no llegaron a ser. La R, el +16 de la película, se dirige mayormente ahí, no al empalamiento de pechos o la explosión de cabezas. Con diálogos pausados y que responden a unos personajes que no salen de la nada, con dinámicas complejas y absolutamente adorables entre la que se corona la de Logan y el decrépito Profesor X.

Mangold ha querido hacer su propia película, sin preocuparse por continuidades anteriores, y por eso proyecta el film hacia el futuro, lo que también le permite exponer su punto de vista sobre temas candentes hoy mismo, como los transgénicos o los vehículos robotizados. Los cómics de la Patrulla X (y los muñecos, y los fans) que aparecen en la película marcan también ese distanciamiento: este es un universo donde los héroes mutantes salieron del anonimato y se convirtieron en celebridades. Aún así, Logan tiene algunos interesantes paralelismos con las dos anteriores entregas del personaje: la muerte del padre del protagonista y las chapas militares de Lobezno: Orígenes, la katana de Lobezno Inmortal… Y en cuanto a su herencia de las viñetas, ahí están la Masacre Mutante, X-23, Donald Pierce, los Cosechadores, incluso un X-24 que es una especie de fusión del “Dummy” Albert y el Daken de los cómics.

Un último apunte: un aplauso final para los efectos digitales de Image Engine, dirigidos por Chas Jarrett, que construyeron réplicas digitales de Jackman y Keen utilizadas con discreción e integradas con maestría con las versiones analógicas de los mismos. Nada que ver, en absoluto, con los actores resucitados de Rogue One, con aquel punto “animado” que chocaba con su entorno real. Aquí hablamos de una integración esencialmente indistinguible, y desde ya son un firme candidato al próximo Oscar a los mejores efectos visuales: a veces no se trata de lo que se ve, sino de lo que se oculta …

Sobre el autor

Marcos Muñoz

Marcos Muñoz

Editor de SFX. Whovian, ministérico, broadwayrrior y, ante todo, fanpiro. Creo que un hombre puede volar.