Cine Críticas

Crítica de La Gran Muralla: Los Song marcan la partitura

Escrito por Redacción SFX

“Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y nunca confluirán”, dijo un tal Rudyard Kipling. Al ver La Gran Muralla, sientes la tentación de coincidir con el autor y su anticuada mentalidad imperialista. La controversia inicial que rodeó este batiburrillo épico de monstruos se centra en Matt Damon, que interpreta a un mercenario inglés que de alguna manera se encuentra en pleno período de la Dinastía Song del Norte (es decir, en algún momento entre 960 y 1279). Sin embargo, los problemas de esta ópera de aventuras, de apariencia bellísima (pero sin humor y sorprendentemente severa) van mucho más allá de la presencia de tres “héroes” caucásicos (Damon va acompañado por Pedro Pascal, estrella de Juego de Tronos y compañero de robos y luchas, así como Willem Dafoe).

En primer lugar, el CGI es poco convincente. En una película que depende del espectáculo recurrente de una horda de bestias cuadrúpedas rugientes y de dientes afilados, llamadas Taotie, esto es un defecto tremendo. Sí, saltan hacia la pantalla en 3D, explotan magníficamente y despedazan a un buen número de extras que hablan mandarín pero, ¿nos resultan mínimamente creíbles? No más que las amenazas mal renderizadas de Sharknado.

Lo segundo, y lo que más salta a la vista, es el hecho de que ninguna película importante china se produce sin aprobación oficial del gobierno. Eso significa una buena dosis de propaganda subliminal. Por ejemplo, cuando el personaje de Pascal descubre las fuerzas de combate chinas, murmura: “Mira qué ejército: ¡Nunca he visto nada parecido!”. Y este es uno de los ejemplos más sutiles. Chinófilos expertos captarán rápidamente más matices… y después de unos 45 minutos, distrae más la atención que los engendros de cómic que devoran encarnizadamente al reparto.

Por último, si alguien piensa que Damon está fuera de lugar, debería ser consciente de que este guión se basa en la falacia de que la Gran Muralla se construyó para mantener a los invasores fuera. De hecho, realmente se construyó para mantener a la población dentro. Así que, en otras palabras, si queremos ponernos tiquismiquis con la Historia, que Jason Bourne vaya a China debería ser nuestra menor preocupación. Matt Damon se desenvuelve bien aquí, aunque dé la impresión de que los productores le hacen quedar como un poco tonto. Interpreta a un veterano de la diplomacia armada que cae como un pardillo ante el disciplinado ejército de la Dinastía Song y, tras ser capturado por la glamurosa comandante Tian Jing, se siente atraído por su nacionalismo altruista. El mercenario de Damon también descubre una floreciente química con el personaje de Tian, pero quizá a causa de diferencias culturales, se le niega incluso un simple besuqueo, haciendo que las numerosas sutilezas sexuales pierdan sentido. Esta podría ser la película romántica menos satisfactoria de los últimos años.

Mientras el personaje de Damon explica que los poderosos no pueden evitar llevarse todos los despojos (y las hordas carroñeras se describen como una representación de la “codicia”), pronto da la sensación de que La Gran Muralla es poco más que una interminable lección de “Pekín para Principiantes”. El individualismo occidental se exhibe como el peor pecado imaginable; la búsqueda de pólvora del hombre blanco se representa como la raíz de todos los males (ecos de la posterior Guerra del Opio), y la obediencia confuciana se erige como deber patriótico de todo hombre y mujer. Hacia la mitad nos podríamos incluso encontrar apoyando a los ogros de animación; aunque sería perdonable preguntarse si ni siquiera ellos se tragarían tanta filosofada de pacotilla.

Sin embargo, cuando gana ritmo permite experimentar algunos placeres palomiteros. Las batallas tienen una buena puesta en escena de Zhang Yi- mou, cuyos trabajos anteriores incluyen La Casa de las Dagas Voladoras, y los fans del cine de acción de la vieja escuela de Hong Kong sin duda disfrutarán al ver a la superestrella Andi Lau enfrentarse a Damon. Dejando aparte las flojas trampas digitales, hay al menos un susto de aúpa, abundantes explosiones de cine comercial, y las diversas masticaciones y palizas se ejecutan con aplomo. Al llegar a la conclusión, el mensaje que prevalece podría ser que las relaciones Oriente- Occidente son mejores cuando se mantiene un terreno común en paz. Teniendo en cuenta la demagogia de la Casa Blanca de Trump hacia China, esto podría resultar más profético de lo que parece…

CALUM WADDELL

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